¿Espejo o filtro de la realidad?

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El periodista es un profesional de los relatos, un condensador de historias entrenado. El periodista busca atrapar al público, debe hacerse con su atención ya sea con su voz, sus palabras escritas o las imágenes recopiladas. Se piensa en la espectacularidad de las situaciones, los personajes inverosímiles y extraños o la morbosidad de las historias como una forma segura de atraer al espectador. ¿Qué tipo de cuentos contamos? ¿Al consumidor le vale cualquier tipo de espectáculo para entretenerse?

Nos encontramos en un momento de “semilibertad” encubierta. Existen pocos programas televisivos que traspasen esa línea cómoda de mostrar, por encima, los problemas actuales en los que todos nos vemos envueltos. “En la parrilla televisiva española hay bastantes programas que carecen de filtro periodístico, son tan frescos como poco informativos”, Gonzalo del Prado inicia su ponencia en las VIII Jornadas de Periodismo de la UMH hablando sobre la importancia de los productos informativos. Para tratar la temática de ‘El reportaje televisivo: hibridación y auge de un género’ se desplazaron al aula Magna del campus de Elche periodistas tan reconocidos como Carlos de Amor, de TVE; José Miguel Almagro, de Cuatro y La Sexta; o Julieta Ulrich, de la televisión pública de Austria (ORF).

Las claves de un buen reportaje 

Lo relevante y destacado de las octavas jornadas de periodismo, consistió esencialmente en desvelar las pautas para conseguir crear un buen reportaje.

Bienvenido León fue el primer ponente en darnos las claves.  Comentó que para él hay “diez ideas para convertir un buen reportaje en un reportaje excelente” y las enumeró de la siguiente manera:

La primera, es entretener después de informar, pero no abusar del entretenimiento hay que anteponer la información al entretenimiento, es “cuestión de dosis” según comentaba Bienvenido.

Tratar los temas relevantes, para no perderse en el camino de lo morboso, dramático y espectacular. Nos hallamos en el declive de  lo serio y el auge de lo trivial, por ello debemos potenciar la relevancia, debemos crear esa distinción endeble entre la información de la calidad y la que no lo es.

Hay que contar historias. Buenas historias y bien contadas.

Debemos pensar en el espectador. La televisión se sirve a sí misma, sirve a los anunciantes, sirve a los partidos políticos. Nos encontramos con una excesiva uniformidad y pocas exclusivas. Tenemos que ofrecerle al público lo que quiere pero sin caer en el sensacionalismo.

Retomar el rito humano. “Los seres humanos somos lentos por naturaleza”, debemos adecuarnos a ese ritmo. El sensacionalismo formal utiliza un estilo muy agresivo, triunfando el estilo sobre la sustancia con lo que se intenta ocultar la falta de talento.

Debemos tener cuidado con la ficción, no hay que forzar la realidad para que encaje en una buena historia ni debemos caer en el error de pensar que la realidad nos puede estropear un buen titular. Bienvenido lo denominó así: “La realidad de la ficción y la ficción de la realidad”.

El periodista tiene que ejercer de “perro guardián”. Lo que viene siendo el compromiso de responsabilidad social en televisión. “Historias que interesan al publico vs. Historias de interés público”.

¡¡Cuidado con la “hibridación”!!. Hay un éxito tremendo de la tele-realidad, gente común y corriente a través de las cuales se pretende dar autenticidad a los contenidos.

Y, por último, como buen consejo, hay que mantener un “ojo en Internet”. Pues puede ser una fuente de innovación, además de que te permite tener el mundo al alcance en un “click”, pero ¿es un arma aliada o competidora?

Estas claves fueron repetidas de diferente manera, con diferentes palabras y por diferentes semblantes a los largo de las jornadas.

David Roldan dio un toque de originalidad comentando la importancia de la música en los reportajes.

Eulalia Adelantado lanzó la pregunta de si el rigor y el entretenimiento pueden ser un binomio. A lo que respondió que en los reportajes televisivos sí.  Rigor + espectáculo = reportajes.

José Miguel Almargo ex-reportero de callejeros nos contó sus vivencias y experiencias.

De Gemma Soriano cabe destacar el llamamiento que hizo a no perder la humildad, “todo el mundo tiene algo que aportar”.

Maite Vicente nos transmitió la pasión y la crudeza de realizar un reportaje sumergiéndonos en su labor efectuada en Haití para elaborar el documental Haití busca un futur para Canal 9.

“Si quieres ser periodista no sueñes con tener dinero un día” recalcó Julieta Ulrich.

“Cuidar el lenguaje, estar al día, se puede contar mucho con pocas palabras, tener un guion previo, seleccionar los aspectos que queremos contar, dejarse sorprender por la realidad… etc”

Gonzalo del Padro

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Gonzalo del Prado durante su charla

Gonzalo del Prado, redactor de informativos en Antena 3, ha ofrecido su particular perspectiva sobre la forma de contar historias. Para del Prado todas las historias siguen unos patrones que se repiten siempre, sea cual sea el argumento: “No es tan complicado contar historias, aunque a veces hay que huir de las reglas”, asegura. Para ello ha mostrado un esquema creado por Emma Coats, trabajadora de Pixar: Erase una vez_. Cada día_. Un día_. A causa de aquello_. Por todo ello_. Hasta que finalmente_.

Aún así, el periodista ha aclarado que esto no es tan fácil de trasladar a la televisión, debido a las características especiales de ésta. Lo primero es tener la información, pero igual o más importante es tener buenas imágenes. También es necesaria la creatividad y, sobre todo, el tiempo. Del Prado ha asegurado: “A veces somos como comandos especiales, te lanzan en paracaídas, haces y vuelta a la base”.

¿El periodista tiene que ser un espejo o un filtro de la realidad? “Nunca va a ser suficiente para el espectador que le enseñes una cosa, se la tienes que dar masticada”, señaló Gonzalo.

 

El formato televisivo tiene su propia manera de contar historias, o más bien su propia forma de producirlas, lo cual repercute inequívocamente en éstas.  Ya ha señalado del Prado la importancia y escasez del tiempo, a lo que deben adaptarse los periodistas. Esto resulta un factor más que determinante para realizar una buena historia: aún así es posible. En cuanto al contenido, dependerá de la política televisiva de cada cadena. Quizá la televisión sea el peor medio para contar historias. Si lo comparamos con el cine o la literatura, medios más pausados, reflexivos y concienzudos, parece evidente la desventaja. El ser humano siempre ha sentido la necesidad de contar historias, desde los albores de la civilización, incluso de la evolución, cuando se pintaban las paredes de las cuevas. Entonces, se antoja cuanto menos curioso que, siendo la televisión el medio más universal y con mayor potencial, sea el que peores herramientas disponga a los profesionales y peores productos ofrezca a los espectadores.

La marea independentista

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El pasado miércoles 10 de abril pudimos contar con la presencia del periodista valenciano Toni Martínez, miembro de la cooperativa Más Público y redactor y fundador de La Marea. A lo largo de su visita Martínez nos contó muchas cosas, entre ellas cuál fue el motivo de creación de la Marea. Explicó que el pasado febrero de 2012 Jaume Roures cerró Público dejando sin trabajo a 130 personas, un 85% de la plantilla, y que a raíz de ahí varios de los extrabajadores decidieron formar un periódico más libre e independiente. Lo sorprendente de esto es que apostaron y se atrevieron a crear el periódico en formato papel, en una etapa en la que todo el mundo da por perdido el valor y viabilidad de este.

La verdadera independencia periodística. 

Una cosa dejó claro Toni Martínez y es que para que un periódico pueda alcanzar la  verdadera independencia, los dueños de la empresa periodística tienen que ser los propios redactores. De esta manera dejó claros los objetivos base de La Marea: “Hacer periodismo libre de intereses particulares, transparente y democrático”, y el medio para hacerlo era constituyéndose como una empresa cooperativista en la que los dueños son los socios y los socios los periodistas y trabajadores, con el aditivo de que siempre serán los periodistas los que tengan la última palabra. De tal manera que no haya un grupo empresarial detrás con el único objetivo de alcanzar beneficios corrompiendo los intereses periodísticos generales y verdaderos para adaptarlos a los que les convengan y gratifiquen.

El nombre de La Marea lo escogieron como forma representativa de ese grupo de gente que como una marea lucha por sus derechos y libertades.

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Otro aspecto diferenciador y característico de este periódico es su forma de financiación.  La Marea, al contrario que otros, no se lucra y mantiene gracias a la publicidad sino que lo hace a través de las ventas,  pago por subscripciones y donaciones voluntarias de la gente que quiera aportar su granito de arena. La publicidad de La Marea es solo del 15% y esta únicamente aparece si cumple los códigos éticos de la empresa.

Una de las principales ventajas que tiene La Marea es que se trata de una revista de contenido social especializado, no toca otras ramas, como el deporte o la ciencia, pues los mismos redactores creen que ya hay muchas y buenas revistas que se encargan de esto. Con esto, el diario consigue que un público concreto, interesado en los hechos  tal y como los cuentan ellos, se hagan fieles lectores.

La Marea es un claro ejemplo y una luz esperanzadora de que en este país aún se puede hacer buen periodismo. Un periodismo libre y sin censuras, que sea transparente y que informe a los ciudadanos de lo que realmente les está sucediendo. Además, de que ensalza el medio impreso y apuesta y asegura que “el papel es el futuro”.

Portada-Contraportada

Periodismo horizontal

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Toni

Toni Martínez durante la charla

Al entrar Toni Martínez por la puerta del aula de la UMH ya se notaba en el ambiente, entre los estudiantes de periodismo, que había ganas de escucharle. Se trata de un joven periodista que formó parte de la plantilla de Público hasta su inesperado cierre. Esto no fue más que el germen de un nuevo proyecto, LaMarea, un diario mensual, en papel y bajo un esquema empresarial basado en el cooperativismo. ¿Suena a ciencia ficción?

Respecto al papel Martínez asegura que hay demanda y que tiene futuro: “Nuestros ingresos vienen casi exclusivamente del papel, la web no nos da casi dinero”. A día de hoy es una afirmación arriesgada, o cuanto menos provocadora. Cuando parece que todo el mundo abandona el barco del papel, aparecen unos jóvenes “locos” que apuestan por él. Quizá todos estos años, mientras discutíamos “papel sí o papel no”, no nos dimos cuenta que la pregunta era errónea. Tal vez el problema no esté tanto en el formato como en el contenido, dependiente del modelo periodístico actual. De hecho ya han salido cuatro números, y el proyecto sigue adelante, con buenas perspectivas de futuro.

Portadas La Marea

Las portadas de todos los número de La Marea editados hasta el momento

LaMarea trata de romper con el modelo tradicional. El sistema cooperativista permite a los periodistas ser dueños del proceso productivo a todos los niveles. Es por ello que poseen una serie de principios editoriales muy claros y estrictos. Nada de publicidad sexista, racista o que pueda discriminar. No a la entrada de capitales que puedan de alguna forma adulterar la editorial del medio. Martínez asegura que les ofrecían unos 100.000€ a cambio de tener la editorial.

Audio: Intento de compra de la editorial

Vídeo sobre el código ético en la publicidad de La Marea:

El encuentro trató en todo momento ser eso, un encuentro, una charla, un diálogo. Ya desde el principio el joven periodista aclaró: “Sin preguntas no hay rueda de prensa, es otra cosa”. Declaración de intenciones que denuncia la pujanza del periodismo declarativo en nuestros días. Lo vemos cada día, el PP es un gran exponente: las “ruedas de prensa” de Rajoy a través de un monitor de plasma han dado la vuelta al mundo. Martínez dice: “No hay que ir a ruedas de prensa sin preguntas”. Parece muy coherente.

LaMarea

Página central de La Marea

Tras cerrar el diario público a principios de 2012 ha aparecido lo que Martínez señala como “Periodismo Celular”. Esto son pequeñas células que han iniciado una serie de proyectos periodísticos muy interesantes: Infolibre, LaMarea, LíberoEldiario, Mongolia… Veamos este último:

Mongolia no es un producto fácil de calificar. Si tuviera que salir a la calle bajo los parámetros tradicionales de un gran medio, quizá no existiría. Ellos mismos se definen como “Revista satírica sin mensaje alguno”: es una apuesta arriesgada. Pero no es cierto. Mongolia tiene mensaje, y mucho. Su formato es una mezcla entre revista y diario grapado: mucho color, fotos, dibujos, viñetas, montajes, infografías…, todo cabe en Mongolia siempre que esté cargado con grandes dosis de humor. Se podría hacer una analogía con la revista El Jueves, aunque en el caso de Mongolia se observa una mayor vocación periodística. Como ejemplo esta doble página sobre el reciente intento de criminalizar a la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) por parte de algunos políticos.

Mongolia

Páginas interiores de la revista Mongolia

Volviendo a LaMarea. El estudiante Martín Gil realizó una pregunta muy interesante que hacía referencia tanto al tratamiento que recibirá Latinoamérica, como al mecanismo de control para que la entrada de posibles futuros socios/trabajadores no pueda modificar la línea editorial del medio. La respuesta fue esclarecedora. En primer término, se está tirando de los mismos corresponsales internacionales de los que disponían en Público. No obstante Martínez precisó que ya no cuentan con el de Venezuela, algo a valorar. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, se garantiza por el hecho de que los trabajadores siempre contarán con el 50% de los votos con respecto a los socios (por mucho capital que éstos traten de inyectar). Además si se aumentase la plantilla habría unos filtros: los nuevos trabajadores no serían socios de forma instantánea.

Contraportada

Audio: Latinoamérica

Audio: Filtros a nuevos trabajadores

Tras el encuentro quedaron buenas sensaciones, pero sobretodo quedó la esencia de un proyecto que nace para ser único y libre, y para demostrar que hay otra forma de hacer periodismo y vivir de él sin que ello suponga supeditarse a los poderes económicos.

El olvido de ser mortal

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Toni Martínez mostrando un ejemplar de la edición impresa de La Marea

Toni Martínez mostrando un ejemplar de la edición impresa de La Marea

La cantautora chilena Violeta Parra en la canción “Miren como sonríen” recitaba los siguientes versos: “miren como gestionan los secretarios las páginas amables de cada diario, miren como sonríen angelicales, miren como se olvidan que son mortales”. Y precisamente la inmortalidad es uno de los problemas que encontramos hoy en día en el periodismo. Son muchas las empresas de la comunicación que piensan que sus medios son inmortales, que pueden realizar la información que quieran sin que esto les conlleve el distanciarse de su público. La forma de tratar las noticias en nuestro país ha ido cada vez más en declive. La realidad de muchos hechos a veces es imperceptible a raíz de las constantes tergiversaciones de los mass media. Pero esta concepción periodística está cambiando gracias a periodistas que realmente afrontan y sienten su profesión con valores éticos, alejándose del afán de lucrarse a costa de ofrecer un producto falaz y mediocre. En cuestión de un año nos hemos encontrado la dicotomía de como redacciones que parecían intocables han sufrido ERE’s llevándose con ellos a profesionales de la información con un currículum intachable. Grupos como MediaPro y Prisa pensaban que eran inmortales y a la mínima que empezaron a obtener menos beneficios (que no confundir con pérdidas) decidieron aumentar su plusvalía de la forma más fácil que se puede hacer hoy en día gracias a la última modificación de la reforma laboral, echando al máximo de trabajadores posible.

Está surgiendo un periodismo de células

Periódicos como Público y El País que se autodenominaban progresistas fueron poco a poco mostrando su verdadera identidad, aquella que se oculta detrás de la careta y que pertenece a las empresas que sustentan el medio. Pero el juego de ser Jeckyll y mr. Hyde les ha costado numerosos lectores que gracias a portales digitales como El Diario han encontrado un sitio donde poder informarse con contenidos de suma calidad.  Pese a los medios alternativos que encontramos que ya llevan una larga trayectoria en funcionamiento como pueden ser los portales de Librered, Rebelión o Tercera Información y que tienen un perfil más político, podemos apreciar tal como indica Toni Martínez, fundador del periódico La Marea que: “nos encontramos con un periodismo de células” y “eso es algo positivo que ha nacido a raíz del despido de tantos periodistas”. Aunque el auge de todos estos nuevos medios podría dar lugar a ser una competencia constante entre ellos, hay que matizar que todos apuestan por un periodismo de calidad y crítico pero cada uno aborda su nicho particular. Que va desde el humor ácido del equipo que dirige el argentino Dario Adanti con las publicaciones mensuales de la revista Mongolia que ha obtenido reconocimiento internacional en el periódico Financial Times por la labor que están haciendo. A los acontecimientos culturales que cubre de manera claramente diferenciadora JotDown, pasando por una nueva visión y vuelta de los cánones establecidos que realiza la revista de fútbol Libero.

Publicación del periódico Financial Times sobre la revista Mongolia

Publicación del periódico Financial Times sobre la revista Mongolia

Uno de los acontecimientos más importantes que provocó el despido del 85% de la plantilla de trabajadores de Público ha sido el nacimiento de la primera cooperativa (MásPúblico) periodística en España. Mientras empresarios como Jaume Roures (134 despidos) o  Juan Luís Cébrian (129 despidos) visualizan el periodismo como un elemento muerto e inmóvil, siendo incapaces de apostar por un producto de calidad informativa, optando por la máxima de obtener el mayor beneficio por más que sea a costa del despido de trabajadores. Frente a estos modelos empresariales de negocios caducos en un momento donde las tensiones políticas de nuestro país hacen que la sociedad solicite una información con valores de neutralidad y con análisis en profundidad. Nacen proyectos como La Marea que no solo apuesta por el papel como formato de difusión sino que además decide afrontar este nuevo proyecto con unos valores éticos muy marcados. Es ahí donde se encuentra el éxito hoy en día. Mientras los empresarios que habían olvidado que eran mortales y habían centrado todo su debate en torno al formato de papel sí o papel no y de cuáles serían las promociones y regalos que acompañarían las noticias que se elaboraban. Se olvidaban que la única forma de conseguir que el periodismo esté más vivo que nunca es imitando los modelos de los nuevos medios citados anteriormente, que centran su debate en una realización correcta del periodismo arriesgando y apostando por mantener el formato en papel. Siendo todo esto hecho desde periodistas que conocen claramente su condición de trabajadores independientes y no desde el prisma empresarial de seguir el dictado de aquel que financie con más capital su medio de comunicación.   

¿La reflexión al papel y la inmediatez a la web?

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PR09_lamarea_300413_Roxana Montagud

Es curioso comprobar cómo en tiempos de tempestad los grandes barcos se debilitan y van surcando el mar pequeñas embarcaciones modestas pero impetuosas. El caso de la revista mensual ‘La Marea’ lo ejemplifica bien. Asesinan al producto impreso de ‘Público’ y sus exempleados se reorganizan en lo que se podría considerar la ‘nueva generación’ de productos periodísticos surgidos de las cenizas del diario ‘Público’. Ocho nuevos proyectos desarrollados en poco más de un año de entre los que destacan ‘Materia’, ‘Diario.es’, ‘Mongolia’, ‘Líbero’ o ‘Infolibre’.

Toni Martínez, uno de los fundadores de la cooperativa ‘Más Público’ es el encargado de dar a conocer el periódico-arrevistado ‘La Marea’. “A mí me gusta llamarlo periódico, la palabra revista implica una connotación distinta a la que queremos transmitir”, define el cofundador. Martínez está en inmerso en la promoción de la revista por distintas ciudades españolas. Su última parada fue la Universidad Miguel Hernández de Elche, donde los alumnos de periodismo pudieron preguntarle por el proyecto ‘Más Público’.

Hacen falta dos cosas para embarcarse en una aventura de tal calibre: estar en paro, y tener unas agallas de acero. Para empezar, ‘La Marea’ pretende obtener de los anunciantes un 10% de sus ingresos, teniendo un código ético publicitario que no permite ningún tipo de condicionamiento hacia sus contenidos. Al ser un producto impreso, los costes de publicación son bastante altos. “Creemos en el papel que cuenta los hechos desde una segunda lectura, la gente se gasta el dinero si los contenidos son de calidad”, opina Toni Martínez.

Entonces, ¿Los productos impresos que funcionarán a largo plazo son aquellos en los que se profundiza en su contenido? ¿Queda la web relegada a la inmediatez de la noticia? Todo esto depende de las iniciativas periodísticas que surjan, y de cómo responda la sociedad a pagar por los contenidos. Lo que estamos viviendo es una mezcla entre la tiranía del más fuerte y el nacimiento de pequeños medios especializados con un público objetivo muy claro. Las ideologías y principios de estos nuevos medios son la seña de identidad que atraen a sus lectores. La mayoría se liberan de la pesada carga de depender de anunciantes fuertes que controlan parte de los contenidos. La financiación se aposenta en la necesidad de que la sociedad tenga medios libres de influencias y la confianza en que esta misma sociedad quiera poner de su bolsillo para poder tener en sus manos un producto de mayor calidad periodística. Este modelo ya desarrollado en otros países choca con el arraigado espíritu español de pagar por cuanto menos mejor. Pero vamos a tener fe, el bien debe terminar dominando al mal.

Crisis primaveral

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Todos soñamos con ser los mejores en los nuestro. Cuando en nuestros caminos se topó el desafío de escoger lo que queríamos ser, a lo que nos queríamos dedicar, decidir que estudiar… nuestra mente absorta en un sueño imaginó ese futuro en el que trabajaríamos y nos dedicaríamos a aquello que más nos gustaba, que mas no motivaba y nos hacia felices. Imaginábamos que seríamos los mejores, que nuestro trabajo sería el mejor, que nuestro esfuerzo sería reconocido y gratamente recompensado, todos nos imaginamos en la cima. ¿Quién no ha soñado alguna vez ser un prestigioso periodista? ¿Escribir un artículo que sea leído por cientos de ciudadanos? ¿Alcanzar un prestigioso hueco en este mundillo?

El revelador caso

Caminos para conseguirlo hay miles, pero solo uno bueno, honesto y verdadero: El esfuerzo,  la dedicación y la veracidad. Siempre hay suculentos caramelos, fáciles y rápidos para llegar hasta la meta esperada, pero pactar con el diablo siempre tiene sus consecuencias y no precisamente buenas. Es lo que le paso a Stephen Glass, lo que relata la película El precio de la verdad. Ajustó demasiado los límites de lo que la gente demandaba, ofreció lo que el público, el lector, más quería, y lo hizo de una manera brillante, llamativa, fresca y dinámica. Sus historias inventadas tuvieron una increíble difusión, prácticamente todo el mundo las conocía  y se las creía, lástima que fuesen mentira, inventadas y que las fuentes no fuesen reales, pues Stephen transmitía de manera envolvente, y hechizaba con lo que contaba.

Stephen Glass la pifió cuando, el primer diario de soporte digital, el Forbes, desenmascaró la falsa realidad de su artículo “Hack Heaven. Contactar con el protagonista que citaba en el artículo era prácticamente imposible, con las fuentes sucedió lo mismo, el lugar donde supuestamente se había realizado la reunión, no permitía este tipo de actos, además de que se hallaba cerrado dicho día, la web de la empresa no era una web profesional… Adam Penenberg, fue el periodista del Forbes que investigó sobre el tema y el que descubrió toda la trama.

El problema de Glass fue que sucumbió ante sus deseos de ser reconocido. Esto hecho le cegó de tal manera, que incluso se entrevé que el mismo se creía sus historias inventadas. Necesitaba obtener vitalmente el reconocimiento y la aprobación por parte de otros. Su inseguridad fue el principal factor de esa conducta, que se hacía notable con la desmesurada complacencia que tenía hacia los demás.

Fue un claro ejemplo de lo que no hay que hacer:  corromperse ante la ambición.

Stephen Glass

Stephen Glass

actor que interpreta a Stephen Glass

Hayden Christensen

La era de lo digital

La gran diferencia entre un medio de soporte digital y otro de soporte tradicional (diario impreso), es que este último, por usanza, resulta más veraz. Esta afirmación, por el año que corría, mitad de los noventa, era totalmente cierta. Bueno es, que con el paso de los años, se ha ido evolucionando y dando credibilidad a los medios digitales, tanto es así, que por lo comentado siempre (fácil acceso, feedback, inmediatez…), se teme por la desaparición de los medios impresos.

Un gran ejemplo que desbancó esa suposición, fue el caso Stephen Glass. Él trabajaba para The New Republic, diario impreso y de gran tirada, y Adam Penenberg para el Forbes digital, diario digital pionero en Estados Unidos. El último desmanteló al primero en 1998. Este hecho habla por sí solo. Posteriormente el The New Republic determinó que al menos 27 de las 41 historias escritas por Glass para la revista contenían material inventado.

He llevado una vida bastante poco ética

Dijo Stephen en respuesta a la pregunta de un miembro del jurado.

No es el único caso de fraude o invenciones periodísticas, en este blog, Redacción mulera, nos exponen más asuntos.

Aun que lo realmente importante no es la lucha entre soportes digitales y medios impresos, ni cuál de ellos resulta mejor y más creíble, lo importante es el periodista, el profesional que se halla detrás de los trabajos publicados ya sea por un medio u otro. Este tal y como nos reiteran una y otra vez a lo largo de nuestra enseñanza tiene que tener unas bases claras: honestidad, veracidad, fuentes reales y veraces, contrastación de datos, máximo rigor… en definitiva, una buena ética periodística.

Nueva oportunidad

Stephen Glass no se suicidó tras esto, siguió adelante, se licenció en derecho por la Universidad de Georgetown University tras ser despedido en The New Republic. Escribió una novela sobre lo ocurrido, llamada “El fabulador” en 2003. La nota del autor en dicho libro comienza así:

En 1998 perdí mi puesto de redactor en The New Republic y mis colaboraciones con otros medios  como periodista por haberme inventado docenas de artículos. Lamento profundamente mi comportamiento de entonces y todo el dolor que ha causado

El fabulador

A pesar de todo ello, posteriormente Glass escribió otro artículo sobre las  leyes del consumo de marihuana en Canadá para la revista The Rolling Stone, en la que fue colaborador en sus buenos tiempos. ¿Sería completamente real ese artículo?…

El caso Glass o como echar tu vida a la basura por mentiroso

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Trece años de penitencia por mentir no son nada comparados con el daño que sufrió la profesión. El periodismo es el fiel reflejo de lo que sucede en el mundo plasmado en un soporte. Su finalidad es mostrar a las personas lo que sucede en su entorno, ya sea en ese país del que nunca han oído hablar como  en su propio vecindario. El respeto a la sociedad, a tus compañeros de vida, y a ti mismo, debería ser razón suficiente como para tratar de desvelar la verdad más cierta. Si los periodistas no son fieles con sus lectores, ¿Cómo van a ejercer de protectores de la democracia? La desconfianza del ciudadano medio en la labor del informador mata lentamente al cuarto poder. El mismo cuarto poder se está poniendo la soga al cuello.

El ‘mal’ habita en el que escribe, no en el medio  

Todo lo nuevo suscita miedo al principio, hasta que te das cuenta de que es lo mejor que podía haberte pasado en la vida. No es una excepción el cambio tecnológico que hace no tanto empujó al periodismo hacia delante. En los noventa se abrió una brecha entre medios tradicionales y periodismo digital que hoy en día estamos tratando, aún, de solapar.

Ofrecer contenidos rigurosos y por supuesto totalmente verídicos son rasgos de cualquier medio; sea cual sea su modo de difusión. La calidad en el contenido es exigido por la exprofesora de Albacete retirada, fiel a El Mundo, y también por el adolescente de Bilbao que se interesa por la guerra en los países árabes y que no ha tocado un periódico impreso en su vida. Los medios online han dejado en evidencia, más de una vez, a los palpables en materia de rigurosidad.

Uno de los ejemplos más sonados es el caso del exinformador Stephen Glass y sus invenciones en la prestigiosa publicación estadounidense ‘The New Republic’. La moraleja es cómo un medio presente solo en la web, como es ‘Forbes.com’, destapó la gran mentira. Uno de sus reporteros, Adam L. Penenberg, encargado del ámbito tecnológico (y a instancia de su jefe, por no haberse enterado de la supuesta convención de hackers en Las Vegas) intentó corroborar la divertida historia que Glass relataba en Hack Heaven (1998). Esto le costó a Glass no volver a trabajar en ningún periódico y trece largos años en conseguir la licencia de abogado en los EE.UU.

Por desgracia la multitud de ejemplos se sucede. En 2003, el reputado  ‘The New York Times’ publicó en portada el escándalo de su corresponsal de información nacional, Jayson Blair. El valiente llegó a inventase más de treinta historias y además en el libro que publicó a posteriori reconocía que el consumo de drogas lo ayudaba a escribir. “Mentí sobre dónde había estado, mentí sobre dónde había obtenido información y mentí acerca de cómo escribí la historia” cuenta Blair a la CNN. No volvería a ejercer de informador pero, por el libro le pagaron una millonada.

La proeza inventiva de Tommasso Debenedetti volvió a poner en jaque al periodismo escrito. El freelance italiano fue descubierto por una de sus supuestas fuentes, el escritor Philip Roth.  Esto ocurrió en 2010, durante una entrevista para ‘II Venerdi’ Paola Zanuttini le pregunto a Roth por su adversidad a Barack Obama, hecha pública en el diario italiano ‘Libero’ tiempo atrás. El escritor aclaró que Obama le parecía “fantástico” y desmintió su encuentro con Debendetti. Desde 2006 este ‘periodista’ estuvo inventando entrevistas con los personajes culturales más inaccesibles: Gore Vidal, Toni Morrison, E. L. Doctorow, Günter Grass, José Saramago, John Grisham, Jean-Marie Gustave Le Clézio, Herta Müller, y así hasta llegar a las 25 que falseó. En la actualidad Debendetti se ha visto implicado en distintos escándalos de informaciones falsas en la red; un ejemplo es la supuesta foto que El País publicó de Hugo Chávez intubado.

Un caso más reciente involucra a uno de los redactor de la también reconocida revista ‘The New Yorker’, Jonah Lehrer, en su tercer libro titulado Imagine: How creativity works (2012). La historia que sacó a la luz el falseamiento de frases atribuidas a Bob Dylan fue descubierta por Michael C Moynihan que trabaja en la revista digital ‘Tablet’. En un intento de salvaguardar la poca honestidad que le quedaba, Lehrer renunció a su puesto en ‘The New Yorker’. Poco después se descubrió que también había adulterado su blog, se dedicó a plagiar a varios periodistas como Jim Romenesko, y a reutilizar material que ya había publicado sin citar absolutamente nada. Tristemente esta mala praxis le ha permitido aprovecharse de su filón de fama.

Con todo esto, la desmitificación es obvia, el buen contenido se asocia a la diligencia de los que conforman un medio, no a su plataforma. Como acertadamente termina Penenberg su Lies, damn lies and fictionIt is not the medium; it is the writer” (no es el medio, es el que lo escribe).

La calidad del contenido en cualquier medio depende de sus periodistas, no de la plataforma

Glass es un ejemplo de autodestrucción y de corrupción periodística

La veracidad es el arma más poderosa del periodismo

Lo más triste es que la sociedad no condene inmediatamente al mentiroso

El cuarto poder se deshace de sus corruptos para ofrecer lo mejor de sí

La mentira, el gran antónimo del periodismo

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“Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Abraham Lincoln.

El precio Sinopsis: “El precio de la verdad” trata de forma bastante fiel un hecho que aconteció en 1998 en la prensa norteamericana y supuso un revulsivo para todos aquellos de pensamiento irreductible. El film cuenta la historia de Stephen Glass, un joven periodista muy talentoso con un futuro profesional prometedor. Es excesivamente maniático, complaciente, ordenado, responsable y obsesivo en la documentación y corroboración de fuentes. El groso argumental pasa por la redacción de un artículo sobre un hacker que es contratado por una importante empresa informática, Jukt Micronics. Tras el flamante artículo, un redactor de otro diario, el Forge Digital, investiga las fuentes y descubre que dicha empresa no existe, y tras una serie de averiguaciones se llega a la conclusión de que todo es mentira.

Al tratarse de una historia real, aún se pueden hojear los diferentes artículos que la revista online Forbes publicó el 11 de mayo de 1998:

         – En el primer artículo, Forbes smokes out fake New Republic story on hackers (Forbes pone al descubierto la falsa historia de hackers de The New Republic), Adam L. Penenberg cuenta por encima la historia publicada en The New Republic bajo el nombre de “Hack Heaven”. Forbes informó el día 8 a la revista impresa de que habían detectado serias irregularidades en el artículo de Glass y que iban a publicarlo. Tras el aviso, The New Republic decide el día 10 (un día antes de que Forbes publique) señalar que hay ciertos personajes y situaciones inventadas en la historia.

         – En el segundo artículo, Tracking lies (Rastreando mentiras), escrito por Kambiz Foroohar, se hace referencia a lo buena que era la historia: “Había tantos detalles coloridos que no me parecía normal”. Forbes comenzó así a investigar la historia el día 5 de mayo. Glass trató de ofrecer pruebas y fuentes falsas, entre ellas el teléfono de la supuesta empresa informática. “Estábamos convencidos de que la historia era falsa, pero nos parecía que ninguna persona cuerda podría crear una ficción ridícula”.

         – En el tercer artículo, Lies, damn lies and fiction (Mentiras, malditas mentiras y ficción), Adam L. Penenberg finaliza afirmando lo siguiente: “Es irónico que los periodistas online hayan recibido mala prensa por parte de los medios impresos. La verdad es que el mal periodismo se puede encontrar en cualquier lugar. No es el medio, es el escritor”.  

De la película, dirigida por Billy Ray, pueden extraerse cinco conclusiones:

           – El buen periodismo debe contrastar la información, y por supuesto ser honesto y fiel a la realidad. Este es el trasfondo del film y es la máxima de todo periodista. En España hay ejemplos de mal periodismo, incluso rozando la manipulación. El diario El País lanzaba su edición impresa el pasado 24 de enero de 2013 con la portada de un Hugo Chávez agonizante. Tras pocas horas se descubrió el fraude y se vieron obligados a retirarlo. La foto no era más que un fotograma de mala calidad de un video extraído de Youtube, de varios años de antigüedad.

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         – Los medios online son igual de válidos que los tradicionales. Estos están conformados en la actualidad por profesionales legítimos capacitados para hacer buen periodismo. No obstante ya lo estaban en 1998, como demuestra el escándalo que plasma la película. Forges, incluso teniendo la ocasión de publicar la historia con bastante más celeridad, se contuvo durante varios días para seguir contrastando y ofrecer la verdad completa de todo el asunto. Hoy día resulta complicado retener noticias por miedo a perder la exclusividad.

          – El prestigio no siempre es sinónimo de calidad periodística. Es cierto que inconscientemente ligamos el prestigio de un medio a su incapacidad para mentir, falsear o incluso cometer errores. Esto nos ocurre en todos los aspectos de la vida. Cuando hacemos la compra en el supermercado tendemos a dar más crédito a marcas conocidas anunciadas en televisión y, aunque no las compremos, nos ofrecen esa inexacta sensación de calidad. Para ver esto ejemplificado basta con remitirnos al ejemplo ya citado de la portada de El País: no hay en España medio de mayor prestigio, y no hay mayor error que sacar en portada algo tan claramente falso.

          – Desterrar la ambición y el deseo de ser influyente. La función del cuarto poder es servir al ciudadano. La prensa ha poseído históricamente un gran poder de influencia, y por ello es necesario realizar la profesión de forma honrada y tener bien clara la función periodística: herramienta informativa y de control del poder afín a los intereses ciudadanos, y jamás a los poderes políticos o económicos.

         – Ser bueno contando historias no conlleva ser buen periodista. El caso que ocupa este análisis evidencia esto. Stephen Glass era un gran contador de historias, capaz de crear de cero un sinfín de relatos, coherentes y atractivos para el lector. Esto, de hecho, no le convirtió en buen periodista, ni siquiera en periodista “a secas”. La confirmación es la novela que Glass publicaría en 2003, El Fabulador, en la cual contaba la historia de un joven periodista que inventaba historias por llegar a lo más alto de la profesión periodística.

La tercera parte del análisis corresponde a la pregunta: ¿Rigor, verificación y buen periodismo son sinónimos de medios tradicionales?

A lo largo de este artículo ya se han ofrecido argumentos suficientes para desmentir este mito que durante muchos años era parte del argumentario periodístico; ha quedado totalmente desfasado y pocos profesionales quedan capaces de hacer tal afirmación. De hecho la película ya supone en sí una respuesta contundente. No, la calidad no depende del formato o la vía por la cual se llega al lector, sino de los profesionales que conforman el medio o la plataforma en cuestión.

De estrella mediática al estrellato periodístico

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La calidad del periodismo actualmente está en entredicho, numerosos han sido los escándalos de publicaciones de noticias que posteriormente se han verificado que no han sido ciertas. Hallar un medio de comunicación que no falte a la verdad a veces resulta una tarea dificultosa y en gran medida es debido a los intereses económicos que se esconden detrás de las empresas que sustentan dichos medios, además estas inyecciones monetarias hoy en día con la crisis actual y el descenso de ingresos por la publicidad suponen un autentico oxigeno económico para el medio y por tanto, su dependencia se ha visto en aumento en los últimos años. La verdad es un bien que se paga muy caro, el público demanda un periodismo que se sustente en el pilar fundamental de la calidad. Pero los medios hacen oídos sordos a esta petición y prefieren priorizar el debate en el formato a la hora de publicar el contenido. 

Stephen Glass periodista de dudosa credibilidad

Stephen Glass periodista de dudosa credibilidad

En la película El precio de la verdad encontramos un caso escandaloso de mal periodismo. Igual llama la atención que aunque sea una fecha cercana, ya que la invención de los artículos por parte del periodista Stephen Glass se dio hace tan solo quince años, se podría justificar con el escaso avance tecnológico a la hora de poder realizar la comprobación de las noticias que se publicaban. Pero es evidente que este hecho no justifica la insensatez de una revista tan prestigiosa como es The new republic. Y cabe remarcar además como en este caso la dicotomía entre el clásico del papel con el formato digital sirvió para que la edición digital de la revista Forbes pusiese en entredicho las publicaciones que se estaban dando en un medio tan prestigioso. Por primera vez encontramos como el hecho de la inmediatez no primó en la redacción de Forbes y realizaron una investigación exhaustiva para desenmascarar una trama orquestada por un redactor de The new republic.

Actualmente hay una concepción generalizada de que los medios tradicionales deben aportar más fiabilidad frente a los digitales, debido a que éstos últimos con la inmediatez que brinda internet pueden cometer más errores. Esta premisa sirve para demostrar la decrepitud del periodismo del siglo XXI y no hace falta remontarse a 1998 para descubrir casos como el de Stephen Glass. El caso más reciente que tenemos es el del diario El País con la foto de un supuesto Hugo Chávez intubado (ampliado en la siguiente entrada). Estos hechos de falta de contrastación y rigurosidad periodística se dan a día de hoy con un avance tecnológico que permite descubrir estos errores, que en muchas ocasiones vienen dados con una premeditación, como es el caso de la manipulación informativa que realizan periódicos nacionales de la talla de La Razón. 

Pero lo que podemos destacar del caso del fraude de Stephen Glass es como con la sinergia de fuerzas se pueden conseguir grandes logros. El trabajo que realizó Forbes y en su defecto el periodista Adam Penenberg que destapó toda la trama fue ejemplar. En primer lugar por el trabajo de investigación realizado, que hoy en día por la inmediatez se ha visto delegado a un segundo plano y encontramos publicaciones carentes de profundización. Además la cautela con la que trato el escándalo Penenberg poniendo en conocimiento a Chuck Lane redactor jefe en aquel entonces de The new republic, de la posibilidad de un articulo falso denota un gran grado de buen periodismo. Y por último lo más importante es el feedback entre dos medios con formatos distintos que se unen bajo una premisa única de hacer periodismo de calidad. Premisa que debería priorizar frente a cualquier otro debate y que además queda de manifiesto con la rectificación posterior que hizo The new republic con la nota aclaratoria sobre los 27 artículos falsos de los 41 que había escrito Stephen Glass.

Por tanto esto nos conduce a que realmente el formato es lo de menos y no solo los medios tradicionales tienen que ser rigurosos a la hora de informar, sino que debe prevalecer la idea de ofrecer al público una información que sea tratada con rigurosidad, profundización y calidad. Con el fin de poder salvaguardar este cuarto poder que hoy en día se encuentra en un momento de flaqueza debido a los constantes varapalos que los grandes medios nacionales realizan cuando publican informaciones sesgadas, manipuladas e incluso falsas. Y este hecho queda patente con el auge de nuevos medios alternativos como el caso de ElDiario.es que no solo está contando con lectores asiduos, sino que además pagan por estos contenidos digitales reeducando al consumidor español gracias en gran parte a su forma de realizar periodismo.

-La sinergia de dos medios de comunicación.

-Documentación e investigación como fuentes del buen periodismo.

-Ética periodística; una herramienta en desuso.

-Las consecuencias de un ego estratosférico.

-Rigurosidad informativa en peligro de extinción.

El localismo no es la panacea

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     Analizamos a continuación el localismo del diario Información y de El País, ya que éste se supone un factor determinante que promueve el interés del lector y por tanto el consumo de información. A pesar de ello, apreciamos que la crisis no solo se ha cebado con medios de comunicación nacionales, sino también con redacciones locales. Buen ejemplo de ello es el ERE sufrido en el diario La Verdad, propiciado por los recortes del grupo Vocento, y que se ha saldado con el despido de 36 trabajadores y el cierre de las delegaciones en Albacete y Lorca. Además los periodistas que han logrado permanecer en plantilla deben asumir una reducción media del 8% de su salario.

Sábado 26 de enero

El País:
Nacional/internacional: 19 noticias.
Comunidad Valenciana: 11 noticias.
Localismo: 36’5%

     La cobertura local es bastante escueta, además de que las noticias recaen en su mayoría en la capital de la comunidad: Valencia.

Diario Información:
Nacional/internacional: 13 noticias.
Local: 43 noticias.
Localismo: 76’8%

     A pesar del carácter local del diario, se echa en falta un marco diferenciador como podría ser la hiperlocalismo, dándole contexto vecinal a las noticias.

Domingo 27 de enero

El País:
Nacional/internacional: 21 noticias.
Comunidad Valenciana: 8 noticias.
Localismo: 27’6%

     Descenso en las noticias de carácter local con respecto al día anterior en el periódico El País. No hay ninguna noticia sobre Castellón.

Diario Información:
Nacional/internacional: 12 noticias.
Local: 29 noticias.
Localismo: 70’7%

     En esta edición de domingo el diario se complementa con un suplemento llamado Magazine. Apreciamos que todo su contenido (reportajes centrales, noticias y entrevistas) es de carácter nacional. Se pierde así un elemento que podría aportar un interesante valor añadido al enfoque local del medio y por tanto la oportunidad de captar a lectores interesados en historias más cercanas.

Lunes 28 de enero

El País:
Nacional/internacional: 19 noticias.
Comunidad Valenciana: 5 noticias.
Localismo: 20’8%

     Este 20’8 por cien debemos considerarlo regionalismo, ya que en ningún caso se puede considerar localismo propiamente.

Diario Información:
Nacional/internacional: 11 noticias.
Local: 28 noticias.
Localismo: 71’8%

     La sección de deportes apuesta fuertemente por el deporte alicantino y valenciano. A su vez la sección de cultura y sociedad trata de aunar de alguna forma temas locales con enfoque nacional o internacional, creando una simbiosis curiosa que puede atraer a los lectores por la proyección de lo local en lo internacional.

Martes 29 Enero

El País:
Nacional/internacional: 17 noticias.
Comunidad Valenciana: 8 noticias.
Localismo: 32%

    Sociedad y cultura, así como deportes, se dedica al 100 por cien a los acontecimientos nacionales e internacionales.

Diario Información:
Nacional/internacional: 14 noticias.
Local: 25 noticias.
Localismo: 64%

     El localismo del diario Información origina una fidelización entre los lectores, con el añadido de cubrir los principales temas nacionales e internacionales. Una desventaja es la concepción (errónea) de que los periódicos generalistas (como El País o El Mundo) ofrecen información de mayor calidad.

Miércoles 30 de enero

El País:
Nacional/internacional: 25 noticias.
Comunidad Valenciana: 8 noticias.
Localismo: 24’2%

Diario Información:
Nacional/internacional: 14 noticias.
Local: 26 noticias.
Localismo: 65%

Conclusiones
La media final de los cinco días analizados, que ofrece un dato fiable sobre el nivel de localismo, es la siguiente:

Gráfico localismo

     Cabe recalcar que un diario como El País, que asume unas competencias globales (es decir, mundiales) y ha de asumir multitud de temas utilice aproximadamente el mismo número de páginas que un diario como el Información (sobre las cincuenta), el cual aborda un radio de acción (geográfico) mucho más limitado. Esto nos puede llevar a pensar que un diario local puede tratar de mejor forma los temas locales, tanto por cercanía, como por ofrecer más páginas a temas relativa y comparativamente menos importantes que la multitud de temas internacionales que El País trata de abordar. Sería algo así como el refrán de “El que mucho abarca poco aprieta”. Este es uno de los problemas de los diarios generalistas. Se trata de abarcar todo, para lo cual no hay medios económicos y por tanto técnicos. El periodismo local o hiperlocal tiene la gran ventaja de que los temas son accesibles y cercanos, sin necesidad de gastar grandes cantidades de dinero, y con la posibilidad de cubrirlos con garantías de calidad. A pesar de ello esto no garantiza grandes beneficios, ni mucho menos (ahí está el ejemplo del ERE de La Verdad), ya que la tirada es mucho menor con respecto a los medios nacionales.

     El problema de fondo, si se quiere enfocar el tema desde la crisis (del papel o económica, o ambas), no es si el localismo supone una ventaja económica. Un ejemplo que lo confirma es el cierre de todos los periódicos gratuitos (excepto 20 minutos), que apostaban fuertemente por ello. La lucha debe ir por el respeto a los códigos deontológicos, por la independencia económica y política (que no necesariamente ideológica) y por garantizar a los trabajadores una serie de derechos que les permitan desarrollar su profesión con total libertad y medios. Solo con un periodismo de calidad se podrá subsistir a crisis y evoluciones; el localismo es tan solo una opción.