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Portada del libro Newpaper, de Albert Montagud

Ficha

Autor: Albert Montagud
Editorial: Grupo Planeta
ISBN: 978-84-234-1294-5
Fecha de publicación: 08/11/2012
Nº de páginas: 432
Formato: 15 x 23 cm.

 

     Newpaper contrapone la evolución a lo largo de casi dos décadas del print y el online, tratando de vislumbrar las claves para que el periodismo pueda adaptarse al nuevo contexto tecnológico y sea capaz de sobrevivir así a “la última embestida online”.

Contexto

En la década de los noventa las redacciones eran incapaces de prever la importancia que iba a tener internet. En paralelo, los medios tradicionales fueron perdiendo credibilidad debido a su posicionamiento ideológico, algo que en el online no estaría tan marcado. Para apreciar esta inadaptabilidad evolutiva de los medios se puede acudir a ciertos hechos históricos, donde también se pueden ver interesantes intentos de avance:

– 1994: El Periódico de Catalunya inicia un proyecto para crear una tablet que permitiría leer su periódico en pdf, el Newspad. Será desechado.

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– 1995: Avui es el primer diario en lanzar una edición online en la web.
El Mundo de Catalunya es de las primeras redacciones en dar acceso a internet a los redactores, colocando un único PC para el uso común. No obstante, esto resultaba más una anécdota que algo real. Así lo expresa el que fue máximo responsable de la edición web de El Mundo, Mario Tascón: “La relación print-online no existía en 1995. La web era un juguete y un capricho moderno”.

– 1997: Ya se podía trabajar casi desde cualquier parte del mundo. Albert Montagud así lo probó, escribiendo un artículo desde Barcelona como si estuviera aún de corresponsal en Washington.

– 1998: El Mundo centraba la discusión del online en si la web debía ofrecer los contenidos del print, u otro tipo de material. ¿Cómo evitar que la versión web del diario eclipsara las noticias impresas al día siguiente?

Siglo XXI

 El atentado a las torres gemelas en el año 2001 supuso la primera gran prueba de fuego. Los diarios daban información minuto a minuto vía online, sin preocuparse de que esos mismos datos aparecerían al día siguiente en la edición impresa. Pero a su vez tuvo un grave efecto secundario: acabó con el buen periodismo y abrió las puertas al periodismo declarativo. La seguridad nacional era primordial, y la prensa estadounidense dejó de preguntar y cuestionar el poder.

     Una de las primeras reacciones en cuanto a la organización de las redacciones en torno al online fue separarlas. Además, durante bastante tiempo trabajar en el online era síntoma de desprestigio: “El que no vale, al digital”, se decía. En 2005 todavía se hablaba de “redacción del papel” y “redacción de la web”. Hoy en día apreciamos claramente el error de estas valoraciones y aceptamos que la sinergia de esfuerzos y medios es obligatoria.
En el recién estrenado año 2013, la mayoría de diarios de referencia tiene más audiencia en sus ediciones online que en papel. Este cambio de conducta social está propiciando que la calidad de la información se vea comprometida a favor de la “cantidad” y la “instantaneidad”; el prime time está dejando de existir.

     Sobre la función democrática y social que recae en la profesión, el autor defiende la necesidad de que la prensa debe ser ante todo rentable, porque solo así se puede garantizar su pluralismo e independencia. Además, otro factor importante para Montagud es el libre acceso a internet, garantizado y gratuito, como única forma de asegurar la igualdad social y el derecho a la información. No obstante, el autor también defiende una postura que podría entrar en conflicto con esta última afirmación: “Hay que abandonar lentamente esa gratuidad [de la información], hay que crear muros lógicos que impidan el acceso a las mejores informaciones”.
¿Es correcto exigir un internet gratuito pero demandar que cierta información sea de pago? Lógicamente es una opción, pero colisiona con el derecho de cualquier ciudadano a una buena información, independientemente de que pueda pagar, o no, una suscripción.

     En cuanto al futuro inmediato, además de la revolución que ha supuesto el Ipad, se puede vislumbrar con claridad que el móvil va a ser la gran herramienta multimedia, mediante la cual accedamos a todo tipo de información. Una prueba de ello es Twitter: en mayo de 2012 el 70 por cien del tráfico de dicha red social circulaba a través del móvil. Esto nos introduce de nuevo en el debate (parece que ya superado) del mal llamado “periodismo ciudadano”. La opinión de Elsa González (representante de la FAPE) es esclarecedora: “las redes sociales no se comprometen con el contenido ni con su veracidad; los periodistas sí; ahí está la diferencia entre el profesional y el aficionado”.
De igual modo que no se puede considerar fotógrafo a cualquiera que disponga de una cámara, tampoco periodista a todo aquel con acceso a la información.

Titulares:
– “El que no vale, al papel”
– Periodismo “anacrónico”
– El nuevo periodismo de 140 caracteres
– La mutación del cuarto poder
– 2010: Año uno de la era Ipad

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