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Autor: Albert Montagud

Editorial: Grupo Planeta

ISBN: 978-84-234-1294-5

Fecha de publicación: 08/11/2012

Nº de páginas: 432

Formato: 15 x 23 cm.

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En la obra de Albert Montagut encontramos un análisis del recorrido del periodismo en nuestro país. Desde su clásico formato en papel, o print como lo designa el autor del libro, hasta las primeras publicaciones cibernéticas de redacciones consolidadas como la de el diario catalán Avui en el año 1995. El relato personal de la trayectoria profesional del autor se entremezcla con numerosos documentos de otros periodistas que sirven de apoyo para argumentar la tesis que defiende Montagut sobre el cambio de formato que ha habido con el periodismo 2.0. Lo que apenas recoge esta obra es como esta evolución tecnológica ha ido en detrimento con la calidad de la información que se ofrece al público. Ha llegado un punto en el que el mayor problema del periodismo actual pasa por el debate eterno del papel frente al formato digital. Pero realmente nos encontramos en un momento donde lo más preocupante para la profesión periodística es la empatía. El diccionario de la Real Academia de la Lengua española define el termino de esta forma; 1. f. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Y es que los periodistas se han convertido en seres que han desarrollado una empatía elevadísima, comparado con el resto de profesionales que ejercen su labor en los distintos campos donde trabajan.

En un primer término focalizamos esta empatía en la necesidad constante que atraviesa el periodista por ponerse en la piel del empresario. Esto nos lleva al resultado de ver como el debate de posición en el mercado de un producto, arguyendo sobre los beneficios del formato digital frente al clásico del papel y viceversa, se termina por convertir en la pregunta que se formula el periodista a diario. Olvidando en todo momento su posición de clase trabajadora y por tanto, dejando de lado la calidad de la información que realiza, porque su mayor preocupación pasa por el formato de cómo ira dicha información. Esta dicotomía eterna entre las formas y contenido, en lugar de darse bajo el seno de la directiva empresarial, que como objetivo máximo se encuentra el ánimo de lucro y sobre todo el de aumentar sus beneficios ofreciendo al público formatos atractivos olvidándose de la calidad de lo que ofrecen, nos ha conducido a un estado en el que el periodista ni siquiera es capaz de preguntarse si el periodismo actual afronta su mejor momento de credibilidad. Un ejemplo claro del mal periodismo que se está desarrollando en los últimos años a raíz de ese afán de llevar la inmediatez como bandera, la podemos encontrar en la portada de un periódico consagrado como el diario El País. Que decidió sin contrastar sus fuentes publicar la fotografía de un supuesto Hugo Chávez intubado en la sala de operaciones. Este gravísimo error no debiera producirse bajo ningún concepto con un periodismo riguroso, pero aún así como lector se puede empatizar con el periódico y llevar a un error humano la trágica portada. Pero al día siguiente el editorial del diario en lugar de lamentar lo sucedido y pedir disculpas a sus lectores, éstos prefirieron escudarse en que la culpa era del gobierno cubano por no facilitarles información sobre el estado de Chávez. Sin ni siquiera llegan a plantearse que habiendo contrastado la información en internet habrían descubierto que la fotografía formaba parte de un video de Youtube que fue subido a la red en el año 2008.

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Viñeta humorística haciendo referencia a la portada de Hugo Chávez

Por otro lado, esta empatía empresarial que han inculcado en la mentalidad del periodista se ha extendido hasta el punto de que el intrusismo profesional está bien valorado. La era digital ha propiciado que emerja mucha gente que se dedica a escribir y que se sienten periodistas por llevar una red social donde abundan miles de seguidores. Dentro de este modelo de culto al bloguero podemos situar el caso de Yoani Sánchez, una filóloga cubana que con su blog Generación Y ha conseguido ser la corresponsal en La Habana de El País. Esta corresponsalía no sería preocupante si no fuese por las falacias que ha vertido Yoani Sánchez en la red, como por ejemplo el problemático tuit; “¿Sabe la empresa hotelera NH que el hotel Parque Central que gestiona en La Habana discrimina a los nacionales en el acceso a Internet?”. Comentario desafortunado puesto que la cadena de hoteles NH no tenía ningún hotel en Cuba y esto obligó a El País a emitir una noticia rectificando dicha información. Pero lo realmente preocupante del caso es que muchos profesionales de la información valoran positivamente este intrusismo profesional. Sin embargo, resultaría extraño que un docente de cualquier nivel académico permitiese ceder su puesto de trabajo a un fontanero, porque éste tuviese una buena oratoria.

Esta sobredosis de empatía ha logrado que el intrusismo profesional se vea de forma positiva y que no se defiendan los puestos de trabajo en un momento donde desde el año 2008 se despidieron a casi 10.000 trabajadores de medios de comunicación y han cerrado 197 medios. Esta identificación plena con el empresario ha hecho que se olvide la identidad de clase trabajadora y en casos extremos como el ERE de este año de la cadena pública Telemadrid con 925 despidos, se han podido ver las cifras de los sueldos astronómicos de colaboradores del medio como Sánchez Dragó o Herman Terscht. Cifras que ponen en tela de juicio esta mala gestión que se hace en nuestro país con el periodismo a raíz de priorizar los intereses empresariales.

En segundo término localizamos la empatía del anglicismo, llegando a un punto donde uno ha de disponer conocimientos sobre el perfil de comunity manager. Este auge ha hecho que España se situe en el primer país del mundo en búsquedas de Google de dicho término. Lo preocupante no pasa por la aceptación de palabras inglesas en el vocabulario español, puesto que la lengua está viva y se encuentra en constante movimiento. Pero llama la atención la empatía que se genera con vocablos como freelance para enmascarar realmente las condiciones precarias que atraviesa cualquier trabajador en estas circunstancias y más en el ámbito periodístico. Esta inestabilidad laboral genera en los periodistas miedo y con este sentimiento es poco probable que un redactor de base se plantee la calidad de la información que se está realizado por el simple hecho de que en cualquier momento puede perder su empleo.

Por tanto, mientras se siga anteponiendo como realiza Albert Montagut en su libro el formato frente a la calidad de la información, sin realizar realmente una crítica profunda a la decrepitud del periodismo actual los consumidores se irán distanciando cada vez más de cualquier medio por la desconfianza que se genera. Y es por lo que hoy en día prima que reflexionemos y hagamos una autocrítica sobre la situación real que padece el periodismo y dejar a los empresarios que se rompan la cabeza por sacar el formato idóneo  Porque si no somos conscientes de  la falta de rigurosidad y calidad de la información que se trata,  seguiremos siendo cómplices de la cultura desinformativa donde se ha llegado a un punto en el cual el periódico lo regalan por la compra de un reloj, un DVD o cualquier otro invento tecnológico y  no viceversa. Y donde presidentes de gobierno realizan “ruedas de prensa” a través de un plasma de televisor sin oportunidad de que los trabajadores de la información puedan realizar ningún tipo de pregunta ni siquierda la de; ¿Y ahora adónde se dirige el periodismo?.

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“Rueda de prensa en 40 pulgadas”

Titulares:

-Periodismo 3.0; una nueva era.

-Internet como transformador del periodismo.

-La caída del papel.

-Las nuevas herramientas del periodismo.

-La era de la r-Evolución cibernética.

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