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“Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Abraham Lincoln.

El precio Sinopsis: “El precio de la verdad” trata de forma bastante fiel un hecho que aconteció en 1998 en la prensa norteamericana y supuso un revulsivo para todos aquellos de pensamiento irreductible. El film cuenta la historia de Stephen Glass, un joven periodista muy talentoso con un futuro profesional prometedor. Es excesivamente maniático, complaciente, ordenado, responsable y obsesivo en la documentación y corroboración de fuentes. El groso argumental pasa por la redacción de un artículo sobre un hacker que es contratado por una importante empresa informática, Jukt Micronics. Tras el flamante artículo, un redactor de otro diario, el Forge Digital, investiga las fuentes y descubre que dicha empresa no existe, y tras una serie de averiguaciones se llega a la conclusión de que todo es mentira.

Al tratarse de una historia real, aún se pueden hojear los diferentes artículos que la revista online Forbes publicó el 11 de mayo de 1998:

         – En el primer artículo, Forbes smokes out fake New Republic story on hackers (Forbes pone al descubierto la falsa historia de hackers de The New Republic), Adam L. Penenberg cuenta por encima la historia publicada en The New Republic bajo el nombre de “Hack Heaven”. Forbes informó el día 8 a la revista impresa de que habían detectado serias irregularidades en el artículo de Glass y que iban a publicarlo. Tras el aviso, The New Republic decide el día 10 (un día antes de que Forbes publique) señalar que hay ciertos personajes y situaciones inventadas en la historia.

         – En el segundo artículo, Tracking lies (Rastreando mentiras), escrito por Kambiz Foroohar, se hace referencia a lo buena que era la historia: “Había tantos detalles coloridos que no me parecía normal”. Forbes comenzó así a investigar la historia el día 5 de mayo. Glass trató de ofrecer pruebas y fuentes falsas, entre ellas el teléfono de la supuesta empresa informática. “Estábamos convencidos de que la historia era falsa, pero nos parecía que ninguna persona cuerda podría crear una ficción ridícula”.

         – En el tercer artículo, Lies, damn lies and fiction (Mentiras, malditas mentiras y ficción), Adam L. Penenberg finaliza afirmando lo siguiente: “Es irónico que los periodistas online hayan recibido mala prensa por parte de los medios impresos. La verdad es que el mal periodismo se puede encontrar en cualquier lugar. No es el medio, es el escritor”.  

De la película, dirigida por Billy Ray, pueden extraerse cinco conclusiones:

           – El buen periodismo debe contrastar la información, y por supuesto ser honesto y fiel a la realidad. Este es el trasfondo del film y es la máxima de todo periodista. En España hay ejemplos de mal periodismo, incluso rozando la manipulación. El diario El País lanzaba su edición impresa el pasado 24 de enero de 2013 con la portada de un Hugo Chávez agonizante. Tras pocas horas se descubrió el fraude y se vieron obligados a retirarlo. La foto no era más que un fotograma de mala calidad de un video extraído de Youtube, de varios años de antigüedad.

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         – Los medios online son igual de válidos que los tradicionales. Estos están conformados en la actualidad por profesionales legítimos capacitados para hacer buen periodismo. No obstante ya lo estaban en 1998, como demuestra el escándalo que plasma la película. Forges, incluso teniendo la ocasión de publicar la historia con bastante más celeridad, se contuvo durante varios días para seguir contrastando y ofrecer la verdad completa de todo el asunto. Hoy día resulta complicado retener noticias por miedo a perder la exclusividad.

          – El prestigio no siempre es sinónimo de calidad periodística. Es cierto que inconscientemente ligamos el prestigio de un medio a su incapacidad para mentir, falsear o incluso cometer errores. Esto nos ocurre en todos los aspectos de la vida. Cuando hacemos la compra en el supermercado tendemos a dar más crédito a marcas conocidas anunciadas en televisión y, aunque no las compremos, nos ofrecen esa inexacta sensación de calidad. Para ver esto ejemplificado basta con remitirnos al ejemplo ya citado de la portada de El País: no hay en España medio de mayor prestigio, y no hay mayor error que sacar en portada algo tan claramente falso.

          – Desterrar la ambición y el deseo de ser influyente. La función del cuarto poder es servir al ciudadano. La prensa ha poseído históricamente un gran poder de influencia, y por ello es necesario realizar la profesión de forma honrada y tener bien clara la función periodística: herramienta informativa y de control del poder afín a los intereses ciudadanos, y jamás a los poderes políticos o económicos.

         – Ser bueno contando historias no conlleva ser buen periodista. El caso que ocupa este análisis evidencia esto. Stephen Glass era un gran contador de historias, capaz de crear de cero un sinfín de relatos, coherentes y atractivos para el lector. Esto, de hecho, no le convirtió en buen periodista, ni siquiera en periodista “a secas”. La confirmación es la novela que Glass publicaría en 2003, El Fabulador, en la cual contaba la historia de un joven periodista que inventaba historias por llegar a lo más alto de la profesión periodística.

La tercera parte del análisis corresponde a la pregunta: ¿Rigor, verificación y buen periodismo son sinónimos de medios tradicionales?

A lo largo de este artículo ya se han ofrecido argumentos suficientes para desmentir este mito que durante muchos años era parte del argumentario periodístico; ha quedado totalmente desfasado y pocos profesionales quedan capaces de hacer tal afirmación. De hecho la película ya supone en sí una respuesta contundente. No, la calidad no depende del formato o la vía por la cual se llega al lector, sino de los profesionales que conforman el medio o la plataforma en cuestión.

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